De nueva generación

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De nueva generación

De nueva generación

*Por Martina Dentella

Son lxs recién llegadxs a un sistema perezoso, lleno de vicios y excesos. Se enfrentan a su propia generación que reclama más y mejores derechos y con cierta amplitud y valentía encuentran su lugar en ese entramado que lxs demanda. La mayoría posee una mirada jurídica con perspectiva de género y humana, y piensa en nuevas estrategias para enfrentar los tiempos y procederes de la justicia. Con la certeza de la necesidad de aggiornarse responden cuáles son los límites que dividen las injurias de la libertad de expresión en los casos de abuso y violación que desbordan por todas las pantallas. Renuevan el debate y la esperanza.

Juan Pablo Gianelli tiene veintisiete años, es abogado (UBA) y trabaja en un Juzgado Criminal y Correccional del Poder Judicial de la Nación, en donde, entre otras cosas, lleva investigaciones vinculadas a la violencia de género: desde delitos por lesiones, amenazas, coacciones, abusos sexuales, hasta femicidios.

Para él, el rol del abogadx en relación a las políticas de género es un desafío “porque los cambios constantes en la legislación tendientes a una mayor protección de los derechos implican que los profesionales debemos formarnos constantemente para brindar un asesoramiento adecuado”.

“Si bien el derecho penal actúa ex post, es decir, una vez acaecido el conflicto y a los fines de determinar si existió o no un delito y consecuentemente aplicar una pena por ello, existen diversas medidas que brindan protección a las víctimas de cualquier delito de género”, explica.

El cargo que ocupa dentro de la justicia le impide ejercer la profesión de manera particular, aunque desde su perspectiva considera que a una persona víctima de cualquier delito vinculado a la violencia de género “en primer lugar debe ser oída e informada sobre las posibilidades y alcances que la justicia le ofrece para abordar la problemática”.

Su consejo – dice- estaría direccionado siempre a realizar la denuncia ante cualquier situación de vulnerabilidad, pero “dicho afán no puede pasar por alto cuál es el verdadero interés del cliente, por eso es fundamental poner en conocimiento de alcances y consecuencias que acarrea una denuncia”.

“Si el deseo de la persona es realizar la denuncia, considero importante como abogado acompañar en todo el proceso, desde el momento de la denuncia y durante toda la instancia judicial, intentando que las medidas de prueba que se adopten sean las menos lesivas a fin de evitar su revictimización”.

Lo ayuda a sostener su mirada optimista el hecho de que desde el juzgado donde trabaja cuando llega una denuncia de la Oficina de Violencia Doméstica se adoptan las medidas de protección de víctimas con carácter urgente.

“Desde el derecho penal se actúa una vez acaecido el conflicto u ocurrido el hecho ilícito que da inicio a la investigación, si bien se pueden materializar medidas de protección tendientes a neutralizar mayores consecuencias, la justicia actúa cuando el conflicto ya se encuentra instaurado”, es decir, tarde.

“Considero que los tiempos son adecuados a la realidad y complejidad que cada causa presenta. Es cierto que no todos los casos son iguales y que algunos comprenden una mayor dificultad probatoria que otros. De todas formas y especialmente en caso de violencia de género existe un gran esfuerzo en que las causas puedan avanzar lo más rápido posible y considero que -al menos en el Juzgado en el que trabajo- eso es así”.

Para la abogada chacabuquense Mariana Barrientos de la Universidad Nacional de La Plata, existe un desconocimiento muy grande en la sociedad acerca de cuáles son los derechos y garantías que poseemos como ciudadanxs y la única forma de hacerlos aplicables para su goce y ejercicio, “es a través del empoderamiento que surge de esa formación”.

Hace hincapié en la necesidad de no revictimizar a la persona que ya sufrió un daño, “En el caso de la violencia de género específicamente hay que tener en cuenta que una mujer que llega a esa instancia ha atravesado circunstancias de violencia terribles. Ya el hecho de realizar una denuncia implica para ella una situación extremadamente movilizante. Y sabemos que no siempre se las trata de la manera más amable: se las culpabiliza, se relativiza su palabra, no se garantiza su privacidad ni se tiene en cuenta la situación emocional que está atravesando” dice.

Sobre maneras de proceder que puedan ayudar a proteger a la víctima pero a su vez le permitan expresarse, considera que fundamentalmente es necesario basarse en la confianza, en la premisa de la credibilidad de su relato y en no crear falsas expectativas respecto de los resultados del proceso. ”Deben otorgarse a la víctima todas las herramientas necesarias para seguir adelante no solo con el proceso judicial, sino con su vida cotidiana” asegura.  Para eso, menciona como eje fundamental evaluar las redes con las que cuenta la mujer (familia, amistades, instituciones) para no dejar a la víctima desprotegida y a la deriva. También -explica- se recomienda que traten de no estar solas, no hacer citas con el victimario, tener siempre a mano números telefónicos útiles ante cualquier emergencia y cambiar sus rutinas.

Para Mariana el poder judicial tiene una gran carencia en lo que hace al juzgamiento con perspectiva de género, porque “el aparato judicial está conformado mayoritariamente por hombres, que aplican leyes forjadas por y para los hombres, dando como resultado decisiones judiciales teñidas de estereotipos machistas y discriminatorios” e insiste en que “Si no se tiene en cuenta la especial situación de desigualdad, vulnerabilidad y desprotección en la que se encuentran las mujeres, no conseguiremos nunca una justicia real y efectiva”.

Bianca Verzello tiene veintiséis años, es abogada, excandidata a concejal por Unidad Ciudadana en la localidad de Saladillo y trabaja en la Cámara de Diputados de la Provincia de Buenos Aires.

Sostiene que los desafíos que enfrentan lxs abogadxs de su generación, son los mismos que enfrenta la sociedad en su conjunto. “Aggiornarnos a las nuevas demandas, formarnos para garantizar y defender derechos que siempre tuvimos pero recién ahora se empiezan a reconocer como tales”.

Las verdades absolutas ya no existen, nunca las hubo -dice- y la inmediatez mediática, que con solo una placa puede destruir o construir hipótesis, que olvida a las dos horas, no es una cuestión menor. “Esto demanda de nosotrxs una constancia y estudio aún mayor al que se solía practicar. La ley se tiene que escribir, se debe ir escribiendo para garantizar derechos y transformar vidas. Debe dejar de ser la herramienta de lxs poderosxs para guiar nuestras conductas. Creo que estas nuevas demandas vienen con el objetivo de garantizar derechos y libertades colectivas”.

“A diferencia de los daños económicos o materiales, la violencia en cualquiera de sus formas es irreversible e irreparable” dice, “por eso lo primordial es siempre hacer la denuncia, el camino nunca tiene que ser corrernos del aparato estatal, el Estado es el encargado de la búsqueda de la justicia, y de encontrarla”.

Bianca no cree en la justicia por mano propia, pero “si en la socialización de experiencias, que pueden ayudar a otrx que este en las mismas circunstancias o en aquellos casos en que el relato sea una herramienta de liberación psicológica”.

Para Bianca la justicia argentina es patriarcal y elitista, y no por naturaleza, sino por construcción, por eso cree fundamental “desconstruirnos todxs lxs trabajadorxs de la justicia ,lxs de adentro y lxs de afuera”.

También habla de cómo costó tipificar el delito de femicidio y cómo implicó un cambio de paradigma sumamente necesario para llamar a las cosas por su nombre, “porque nos matan por ser mujeres”.

Considera que el machismo no es un problema de géneros, y mucho menos de generaciones: “Todxs nacemos machistas, así nos cría el capitalismo, renunciar a privilegios y luchar por la igualdad de derechos, es una tarea en conjunto y la justicia debe ser la encargada de garantizar las herramientas de lucha.”

En cada caso de femicidio hay una búsqueda constante, de la mayoría de lxs jueces y los grandes medios, de actitudes que demuestren que esa mujer muerta “hizo algo” para que la maten, como si ser asesinadas sería un deseo.